A la mayoría de las personas les gustan los convivios. En Navidad, por ejemplo, basta un mensaje en el grupo familiar para que empiece la organización: quién lleva el pozole, quién las bebidas, quién el postre.
A veces incluso se vota. Nos ponemos de acuerdo porque entendemos que, si cada quien aporta algo, la celebración será mejor para todas y todos.
La organización no es casualidad: es la condición para que la fiesta funcione.Si eso lo hacemos con tanta naturalidad para una cena, ¿por qué no hacerlo cuando se trata de algo mucho más importante: nuestra comunidad y nuestros servicios de salud?
La democracia no es una palabra lejana ni exclusiva de los discursos. Proviene del griego demos (pueblo) y kratos (gobierno): el gobierno del pueblo.
Es decir, no se limita al acto de votar cada cierto número de años; implica involucrarnos de manera activa en las decisiones que afectan nuestra vida cotidiana.
Participar es ejercer un derecho, pero también asumir un deber: opinar, proponer y decidir cómo queremos que se construyan las políticas públicas que impactan nuestro entorno.
En los últimos años se han abierto espacios concretos para que esa participación sea real y no simbólica.
El programa “La Clínica es Nuestra” es uno de ellos. Por segunda ocasión, el ISSSTE en conjunto con BIENESTAR impulsan asambleas comunitarias donde las y los derechohabientes no solo escuchan, sino deciden en qué se invertirá el presupuesto destinado a mejorar sus clínicas de adscripción.
No se trata de una consulta decorativa: se trata de priorizar necesidades, elegir mejoras, vigilar que los recursos se utilicen adecuadamente y formar parte de los Comités de Salud y Bienestar (COSABI), que dan seguimiento a la cobertura y calidad de los servicios desde la perspectiva ciudadana.
Esto significa algo muy concreto: que la sala de espera, el equipamiento, el mantenimiento, la accesibilidad o los insumos pueden mejorar cuando quienes usan diariamente los servicios levantan la voz y participan en la decisión.
Significa pasar de la queja aislada a la acción colectiva. Significa transformar la experiencia cotidiana en propuestas organizadas.Por ello, es fundamental que las y los derechohabientes del ISSSTE acudan este 21 de febrero a las 11:00 horas, con su carnet, a su respectiva clínica. No es un trámite más. Es un ejercicio de corresponsabilidad. Es la oportunidad de decidir, junto con otras personas, qué es prioritario para su comunidad.
Así como somos capaces de organizarnos para que la Navidad sea cálida y memorable, también podemos organizarnos para que nuestros servicios de salud sean más dignos, más eficientes y más humanos.
La diferencia entre resignarse y transformar está en la participación. Porque la democracia no se celebra: se ejerce. Y este 21 de febrero, nuestra voz puede convertirse en mejora real para todas y todos.




















